A tres años del asesinato de Macarena Valdés

22 Ago 2019 | Contenidos

Hoy se cumplen tres años del asesinato de Macarena Valdés, otra activista silenciada por el extractivismo.

Macarena Valdés Muñoz tenía 32 años y vivía con su pareja y sus cuatro hijos en la comunidad mapuche Newen-Tranguil en la región de Los Ríos (Chile). Dado su compromiso y dedicación a la lucha por la defensa de los derechos de su comunidad y la conservación del territorio, Macarena se fue convirtiendo en una reconocida referente social. Su círculo cercano cuenta que Macarena había cumplido su sueño de establecerse con su familia en esas tierras y ser parte de la comunidad por la que luchaba.

Uno de los conflictos que impactaba fuertemente esta región de Chile era con la empresa austro chilena RP Global Chile Energías Renovables S.A., en conjunto con la distribuidora eléctrica Saesa. Estas compañías privadas fueron las responsables de la instalación de una central hidroeléctrica en el sector de Tranguil. Este proyecto se desarrolló sin ningún tipo de consulta a los habitantes de la zona, destruyendo un cementerio, talando monte nativo, construyendo la central y líneas de alta tensión que atraviesan áreas pobladas y violando los terrenos de las comunidades mapuches, vulnerando el convenio 169 de la OIT, al cual el Estado chileno suscribe. Tanto Macarena como su pareja Rubén fueron actores claves en el proceso burocrático para frenar la instalación del proyecto en el territorio.

El 22 de agosto de 2016, Macarena Valdés fue encontrada por uno de sus hijos colgada de las vigas de su propia casa. Carabineros de Chile y el Servicio Médico Legal determinaron que se trató de un suicidio. Sin embargo, su familia no creyó esta versión, ya que nada indicaba que Macarena tuviera conductas de autoeliminación, y contrató a un forense particular para realizar una autopsia. El resultado de las pericias demostró que no había signos que demostrasen que se tratase de un ahorcamiento en vida, lo que refutaba la hipótesis de la fiscalía y confirmaba que Macarena había sido asesinada. Recién a fines de 2018 se logró el cambio de carátula a “hallazgo de cadáver”, pero luego de tres años del asesinato la investigación no ha avanzado debido a diversos obstáculos: “pérdidas” de informes clave, al menos dos intentos de cierre de la investigación, pruebas truncadas, información retenida, no considerada o atrasada.

Son constantes los amedrentamientos que la familia de Macarena Valdés sigue sufriendo cada día por parte de sujetos que visitan la casa donde vive Rubén Collío y sus hijos, llamadas sistemáticas a altas horas de la noche amenazando a la familia para que desista de la investigación.

El caso de Macarena es un ejemplo más de la violencia sistemática que enfrenta la defensa por el territorio y los recursos naturales en América Latina. La cantidad de asesinatos de activistas medioambientales y sociales continúa aumentando. Muchos de ellos pertenecen a comunidades indígenas: a pesar de conformar tan solo el 5% de la población, en 2017 un cuarto de los activistas asesinados fueron indígenas.

“Hace ya tres años nosotros dijimos que se está instalando el sicariato en Chile. Esta gente fue a nuestra casa, arriba en la montaña, y mataron a la negra porque se atrevió a alzar la voz. Exigimos justicia, no la pedimos, porque ya sabemos la verdad, y la verdad es que a la negra la asesinaron”. Palabras de Rubén Collío.

Fuentes consultadas: